Avilés a vista de estatua

Avilés a vista de estatua

Si vives en Avilés o visitas habitualmente la ciudad, habrás pasado innumerables veces a su lado y, de tanto verlas, ya te pasan desapercibidas. Ellas, sin embargo, siempre están ahí; imperturbables, viendo pasar el tiempo, mirando al vacío en algunos casos. Eslabón, La Foca, Marta y María, Eugenia Martínez, ‘La Monstrua’… son sólo algunos de los nombres de las numerosas esculturas que pueblan la Villa del Adelantado. Es cierto que Avilés no es Oviedo y que las estatuas que decoran las calles de la villa avilesina no son tan famosas como las de la capital asturiana, pero aún así se merecen un recorrido turístico para conocer su historia. Y es que cualquiera de estas piezas tiene mucho, mucho que contarnos…

Eugenia Martínez Vallejo, ‘La Monstrua’
Comenzamos nuestro repaso por esta escultura ubicada en la calle Carreño Miranda, firmada por Amado González Hevia ‘Favila’ y que es, sin duda, una de las más simbólicas de la ciudad. Desde su pedestal, Eugenia nos mira impertérrita con su nariz respingona, sus manos regordetas y esas manzanas que no suelta ni por asomo. Pero detrás de la figura de ‘La Monstrua’ hay una triste historia: nacida en Bárcena (Cantabria) en la segunda mitad del siglo XVII, las malformaciones de la niña Eugenia la llevaron hasta la corte de Carlos II donde acabaría convirtiéndose en una especie de bufón de palacio.

Monumento a Juan Carreño de Miranda
Pasamos de la escultura de Eugenia Martínez Vallejo a otra que estaría directamente relacionada con ella, y no por ser del mismo autor, sino porque los personajes a los que representan compartieron varios años de sus vidas en la corte de Carlos II. Juan Carreño de Miranda, pintor avilesino y universal, fue el encargado de retratar a Eugenia, vestida y desnuda, por orden expresa del monarca. Amigo y protegido de Velázquez y el más conocido retratista del rey Carlos II, el vacío de los ojos de su escultura, instalada en la plaza de Camposagrado y firmada por Vicente Menéndez Prendes ‘Santarúa’ infunde, desde allí arriba, un cierto respeto.

Monumento a Armando Palacio Valdés
Otro de los personajes fundamentales de la historia de Avilés y que no se podía quedar sin su correspondiente escultura es el escritor Armando Palacio Valdés. Aunque nació en Entralgo (Laviana), pasó gran parte de su infancia en Avilés y aquí ambientó muchas de sus obras. Dos veces nominado al Premio Nobel de Literatura, la ciudad que tan bien le acogió y a la que siempre volvería, aunque fuera a través de sus novelas, quiso homenajearle colocando ese busto de mirada viva a las puertas del teatro que también lleva su nombre y que es, sin duda, una de las joyas arquitectónicas de la villa. Esta escultura, obra de Mauro Álvarez Fernández, enlazaría en cierta manera con las estatuas dedicadas a ‘Marta y María’ realizadas por Favila y que lucen en la esquina de las calles del Prado y ‘El Españolito’ representando a los personajes que dan título a la famosa novela del literato asturiano.

Monumento a Pedro Menéndez de Avilés
Junto con ‘La Monstrua’, el monumento dedicado a Pedro Menéndez de Avilés es uno de los más conocidos y visitados de la villa. Como muchos ya saben, Pedro Menéndez fue un marino y militar avilesino, apodado “El Adelantado de La Florida” al convertirse en el fundador de la ciudad de San Agustín en 1565 (la primera ciudad de Estados Unidos). De ahí, claro, que Avilés reciba el nombre de Villa del Adelantado y su hermanamiento con la ciudad de San Agustín de La Florida. Realizado en el año 1917 por Manuel Garci-González, se puede encontrar el monumento a Pedro Menéndez en el parque del Muelle, flanqueado por cuatro estatuas de guerreros esculpidas en piedra y con la mirada, digna, fija en el horizonte.

La Foca
La escultura de ‘La Foca’ es una de las más curiosas de todas las que se pueden encontrar en Avilés, y no por su valor artístico, sino por la historia que lleva detrás. En la mañana del miércoles 5 de diciembre de 1951 fue vista por primera vez en la ría avilesina una foca, visitante marino realmente poco habitual. Tal fue el revuelo que causó la aparición de este simpático animal, que además se quedó varios meses rondando la ciudad, que fue considerada incluso como un buen presagio para otra recién llegada, la fábrica Ensidesa, que comenzaba por aquel entonces su construcción. Joaquín Muñiz Lorenzo y el escayolista Pepe el Roxu a partir del diseño del arquitecto municipal Tomás Menéndez Abascal la convirtieron definitivamente en símbolo; un símbolo “extraoficial” que se puede encontrar a pocos metros del monumento a Pedro Menéndez en el mismo parque del Muelle.

Y así, llegamos al final de nuestro recorrido escultórico. Faltarían aún muchas páginas para seguir describiendo las numerosas y excelentes piezas que se pueden encontrar por la ciudad: el ‘Eslabón’ de Pepe Noja de la pared lateral de la antigua cárcel de Avilés, hoy Oficina de Turismo, y que representa la libertad con una cadena rota; la monumental escultura de nombre ‘Avilés’ del paseo de la Ría, conocido por algunos como el “tricornio”, ideado por el artista Benjamín Menéndez; el maravilloso conjunto escultórico del parque del Muelle, réplicas exactas de las que hay expuestas en el museo parisino del Louvre, inspiradas en motivos alegóricos de la mitología griega… Una prueba más de que se puede descubrir Avilés con otra mirada: la de las esculturas que nos vigilan en silencio por las calles de la ciudad