Cimadevilla, más que una mano de pintura

Cimadevilla, más que una mano de pintura

El barrio alto debe afrontar en los próximos meses una serie de intervenciones con el objetivo de mejorar su imagen tras cumplirse 25 años de su rehabilitación integral

El primer paso iba a ser a golpe de brocha, pero ha comenzado con un tropezón. La notificación del Consejo de Patrimonio del Principado de Asturias prohibiendo el proyecto de arte urbano que contemplaba la realización de grandes murales en varias medianeras del barrio de Cimadevilla cayó como un jarro de agua fría entre los vecinos que veían en esa intervención el inicio de un nuevo resurgir cultural en la zona. A la espera de ver cómo se resuelve este nuevo conflicto entre administraciones, los próximos meses están llamados igualmente a ser fundamentales, con un calendario de actuaciones llamadas a marcar el futuro inmediato del barrio alto de Gijón. En el mes de noviembre, si se cumplen las fechas previstas, debería tener lugar el arranque de las ansiadas obras en el antiguo edificio de Tabacalera. Los trabajos a acometer se estima que conllevarán un plazo máximo de año y medio. Se pretende estabilizar la estructura del edificio, protegerlo de agentes atmosféricos, adecuar su imagen exterior al conjunto histórico del barrio y preparar el inmueble para su futuro uso público, aunque aún está por definir. El objetivo inicial es construir en Cimadevilla el mayor complejo museístico de la ciudad, pero no se descarta convocar un concurso de ideas para definir el contenido del inmueble. Lo único que hay sobre la mesa es el concurso de ideas ganador en el año 2012 que preveía la reforma de la antigua fábrica, para convertirla en el Museo de Gijón, con las colecciones artísticas del Ayuntamiento y un recorrido por la historia de la ciudad, además de un nuevo edificio que albergaría la colección de Nicanor Piñole. El resurgimiento de esta edificación significaría darle un nuevo giro a su trayectoria de varios siglos y que arrancó en 1668 como convento de las Agustinas Recoletas, para convertirse después, en 1842, en la primera fábrica de Gijón, con una plantilla de trabajadores integrada solo por mujeres que acabaría echando el cierre el 31 de julio de 2002.
Alrededor del gran proyecto del edificio de Tabacalera deberían arrancar, ya en el año próximo, otras intervenciones de menor tamaño, pero no por ello menos importantes. Entre ellas está el compromiso del Ayuntamiento de incluir en sus presupuestos municipales para 2016 el dinero necesario para cubrir la pista polideportiva del barrio, cumpliendo así una de las demandas más solicitadas por los vecinos durante los últimos años pero cuyos trabajos no estarán exentos también de dificultades técnicas por su enclave a escasa distancia del mar, su exposición a los temporales y también porque debería contar con la aprobación de la demarcación de costas.
Mucho más difuso se encuentra el futuro de otras obras de rediseño urbano, como las contempladas en el proyecto ‘Reluce’ con el que los arquitectos Miguel Rubio e Izaskun Bilbao ganador el concurso de ideas organizado por el Ayuntamiento para buscar nuevas propuestas para las principales plazas del barrio alto. Entre sus sugerencias se encontraban la retirada del pavimento resbaladizo en la plaza de la Soledad y una nueva ordenación del espacio en la que se diferencien las zonas de paso de vehículos del resto de áreas peatonales, así como la reserva de pequeños lugares de estancia con bancos y arbolado, iluminados con los nuevos adoquines con luz, alimentados por energía solar y dispersos por las plazas de Cimadevilla, Rosario, La Corrada y La Colegiata y de la plazoleta de Jovellanos. Por el momento siguen siendo ideas sobre el papel, pero nadie descarta que, en esta nueva apuesta por el resurgimiento de los orígenes de la ciudad, alguna se acabe convirtiendo en realidad.

25 años del primer PERI
A finales de los años 80 el histórico barrio de Cimadevilla había pasado de ser una de las zonas más populosas décadas atrás a convertirse en un barrio casi marginal, foco de drogas y prostitución, con decenas de construcciones abandonadas o claramente deterioradas. Esta mala imagen de una de las zonas más céntricas de la ciudad y origen mismo de la villa llevaron al entonces alcalde de Gijón, Vicente Álvarez Areces a poner en marcha un plan de reforma integral que en los años siguientes daría un giro radical al barrio alto. El Plan Especial de Reordenación Interior (PERI) de Cimadevilla, firmado por los arquitectos José Luis Martín y Francisco Pol cambió la fisonomía del barrio, erradicando sus puntos negros, permitiendo derruir las viviendas más antiguas y peor conservadas, no sin alguna polémica, ya que parte de ellas databan del siglo XVI. Se mejoraron calles, aceras, se incorporó nuevo adoquinado, puntos de luz y todo ello acompañado de emblemáticas actuaciones como la puesta en valor de la muralla tardorromana descubierta en 1982 y que delimitaba el núcleo original de la ciudad. Se trató de una controvertida restitución ideal del volumen de la muralla, eligiendo para esta recreación el ladrillo, de modo que la obra antigua y la nueva se percibieran claramente diferenciadas. En 1989, la muralla es reconstruida en la zona de la puerta, actual calle Recoletas, en su alzado este en la Plaza Jovellanos y en la Torre del Reloj.
El PERI de Cimadevilla también recogía por aquel entonces la construcción de un aparcamiento subterráneo bajo el cerro de Santa Catalina, un proyecto que, por su complejidad arquitectónica fue quedando aparcado por las diferentes corporaciones y que no se hizo realidad hasta el año 2014. Con él también vio la luz otro de los grandes dibujos realizados por los arquitectos municipales en 1989, un nuevo vial de circunvalación del barrio alto. La joya de la corona de la restauración del barrio alto fue la recuperación para el disfrute de los gijoneses del cerro de Santa Catalina, donde se habilitaron varios caminos para el paseo y se colocó el que, desde entonces, ha sido uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad, el Elogio del Horizonte de Eduardo Chillida.
Entre los años 90 y 2000 Cimadevilla volvió a vivir una época de esplendor, consolidándose como zona de ocio y restauración, foco de la movida nocturna de la ciudad. Ese foco se fue apagando con la entrada en el nuevo siglo, empujado también con la crisis económica que fue acabando con varios de los locales de referencia en el barrio. En los últimos años los solares vacíos y las viviendas abandonadas han vuelto a aparecer en Cimadevilla. Nada que ver con el estado de deterioro de los 80, pero los vecinos no quieren que aquello vuelva a repetirse y por ello insisten a cada una de las corporaciones para que no caigan en saco roto todos los proyectos de mejora del barrio que fue de pescadores, cigarreras y militares y que sigue siendo historia viva de Gijón.