Coque Malla: “En Asturias me siento en casa, prácticamente es mi segundo hogar”

Coque Malla: “En Asturias me siento en casa, prácticamente es mi segundo hogar”

Coque Malla no es un extraño en Asturias, de hecho se siente “en casa” en la región. El cantante y compositor madrileño presentó el pasado mes de abril en la Casa de Cultura de Avilés su último disco ‘El último hombre en la tierra’, un álbum ambicioso en el que el rock se funde con los arreglos orquestales y las letras muestran sensibilidad, pasión y energía. El músico no olvida su época en Los Ronaldos, un grupo “que lleva en el alma” pero no cambiaría el presente por nada, ahora goza de una libertad total para elegir el rumbo de su carrera y cuenta con un público entregado que disfruta con todas sus canciones.
-Este disco tiene arreglos orquestales, no es algo muy común en la música pop rock. ¿Tenía miedo de presentar un proyecto así?
-Sí, más que a presentarlo a hacerlo, fue un reto muy grande, cuando el disco estaba terminado pensé que teníamos algo muy chulo y tenía ganas de enseñarlo. Los anglosajones tienen muchísima tradición de eso, hay mucho nivel, hay mucha gente que ha grabado pop rock con arreglos orquestales, desde los Beatles, lo tienen en la sangre, pero aquí en España es complicado conseguir hacer un disco que sea creíble y que funcionen la batería y las guitarras, con las cuerdas.
-¿Ha trabajado en este disco con su hermano, que hizo los arreglos y en un álbum anterior, ‘Mujeres’, colaboró con su madre que es actriz e hizo un recitado. ¿Le gusta trabajar con la familia o se le hace un poco raro?
-Mola mucho porque además son cosas puntuales, quizás hacer un grupo con mi hermano o una gira de teatro entera con mi padre o mi madre sería más duro, esto son cosas un poco más puntuales en las que te da tiempo a descansar el uno del otro, entonces creo que la familiaridad en el sentido carnal de la pregunta juega a favor en este caso.
-Grabó ‘Termonuclear’ en su casa. ¿Dónde se siente más a gusto, en su casa o en el escenario?
-En el escenario, sin ninguna duda, cada vez me gusta más el estudio, cada vez lo disfruto más pero hay un punto de sufrimiento muy importante, en el estudio cuando algo sale, cuando ya lo tienes, es una gozada pero antes hay muchas horas de “¡Dios mío esto no está funcionando, no va a ninguna parte!”, que no es real, es tu paranoia perfeccionista, sin embargo en el escenario no, desde que salgo de Madrid en la furgoneta ya estoy feliz hasta que acaba el concierto, y a las dos horas del bolo estoy en casa, ese es mi verdadero hogar.
-Pasa temporadas en Asturias. ¿Se siente en casa aquí?
-En Asturias me siento en casa, es mi segundo hogar prácticamente, yo creo que todos tenemos muchos segundos hogares pero lógicamente por razones obvias Asturias es mi otra casa (su pareja es asturiana), son muchos años y hemos formado una familia, fue en Avilés donde empezó todo y en ese Auditorio nos conocimos, tiene un significado muy especial.
-Las mujeres son protagonistas de muchas de sus canciones. ¿Las entiende mejor escribiendo sobre ellas o sirve para que le entiendan mejor?
-No me lo había planteado nunca, pero yo creo que es más bien lo segundo, cuando escribo canciones tremendas sobre las mujeres, sobre las relaciones entre hombres y mujeres, lo que hago es descubrirme y más ante las mujeres porque son muy listas, tú escribes una cosa que parece poética, sutil y subliminal y ellas lo cazan y te hacen una radiografía y, sin embargo, nosotros no tenemos esa capacidad, nosotros no las conocemos.
-Nos parecen un misterio.
-Sí porque lo son y yo creo que hay una puerta que jamás nos abren por mucho que nos amen, hay una puerta donde tienen sus secretos, sus armas, sus regalos y jamás la abren, pero no porque sean malas sino porque están hechas así y nosotros no, dejamos la llave de la puerta secreta tirada, ellas entran y ni siquiera nos damos cuenta.
-Muchas veces cuenta historias y sentimientos personales, ¿le supone un alivio contar todo eso o le da pudor en el fondo?
-No me da ningún pudor porque no son totalmente reales. Hay una ley inquebrantable para mí, para mi manera de entender la escritura de canciones, películas, novelas o lo que sea y es que se puede partir de un sentimiento real, vivido o autobiográfico, pero tiene que intervenir la fantasía, la invención porque si no es un diario, una cosa periodística casi no tiene emoción, las historias tienen que tener emoción, magia y fantasía. Yo parto de sentimientos, de sensaciones, pero las mezclo con otras que no son reales. Uno tira de un mundo que es muy complejo y muy misterioso que es el subconsciente y la imaginación, por eso cualquier parecido con la realidad es pura casualidad.
-En este disco hay una referencia a los 400 golpes de Truffaut en ‘Lo hago por ti’. ¿Se inspira con el cine?
-En mi mundo personal, en mi cultura, está el cine, me he criado viendo películas a lo bestia. Vengo de familia de actores enamorados del cine, ha sido un alimento para nosotros y eso sale en las canciones, pero no de forma consciente. Lo de los 400 golpes me salió de forma inconsciente, me di cuenta y lo dejé como homenaje. También en la música, me he dado cuenta de que las influencias primeras no son los Beatles y los Stones sino que es la música de cine, con cinco añitos y menos ya veía películas musicales. Uno ve cine antes de ponerse disco de rock and roll, eso es la base.
– La canción ‘Santo, santo’ es una especie de oración laica. ¿La música es el único consuelo para alguien que se declara ateo como usted?
-Sí y el sexo. La música y el sexo son la única verdad, son de las pocas cosas a las que podemos llamar reales, para un ateo la fe está en su instinto sexual, para un músico hay momentos místicos cuando uno está tocando, de la misma manera que cuando uno está haciendo al amor, y no lo digo en broma, hay mucha conexión en la mística que puede tener uno contando con una fe poderosísima, los que no la tenemos también podemos vivirla, no creo en Dios pero sí creo en la mística y la podemos tener encima de un escenario o en unas sábanas de raso.
-Tiene una carrera como solista muy asentada ahora, cuando empezó en solitario ¿le supuso empezar de nuevo o fue una gran ventaja tener la experiencia con Los Ronaldos?
-Hubo bastante de las dos cosas, los principios fueron duros, la verdad, porque es muy tremendo, el centro de mi vida absoluto eran Los Ronaldos, esos tres tipos con los que convivía a todos los niveles y de repente que eso desaparezca es un descoloque muy fuerte, de repente te ves en el local de ensayo donde has estado durante 12 años con tus hermanos, te ves solo con unos músicos que apenas conoces, y eso es duro, sobre todo, el primer disco ‘Soy un astronauta más’, pero luego cuando la maquinaria empieza a funcionar y empiezas a sentirte a gusto, yo no lo cambiaría por nada. Ahora soy libre de decidir de acertar o de cagarla, soy feliz en esta situación. Los Ronaldos era un grupo acojonante que yo llevo en el alma y son mis hermanos, pero las demostraciones de respeto y de silencio que se producen en los conciertos son muy grandes, la gente conoce todas las canciones y no el hit del verano como ocurría con Los Ronaldos a no ser que tocases en Madrid con los superfans, lo que estoy viviendo ahora es mucho más potente.
-¿Le gusta la música que se hace en Asturias?
-Aquí hay un montón de bandas de rock, está en la sangre de muchos asturianos y hay muchas cosas que me parecen interesantes como por ejemplo la música de Los Ilegales y la de Igor Paskual. En los garitos hay una tradición de rock, de tocar en directo que está teniendo ciertas dificultades con los permisos, lo cual es increíble.
-¿Ocurre lo mismo en otros lugares de España?
-Por supuesto, pero me da la sensación de que en Oviedo y en Gijón ha habido una especie de ensañamiento muy potente y como hay muchas bandas y muchas ganas de tocar en directo se nota especialmente, eso es un horror porque es cultura, una región donde hay necesidad de rock supone un montón de cosas buenas, si castramos eso estamos autodestruyéndonos.