“El trabajo de programador es lo suficientemente hermoso como para comprometerte con él a muerte”

Texto: Beatriz Muñoz

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Fran Gayo, programador del BAFICI y del cine del Centro Niemeyer

Un año más, la REVISTA PRINCIPIA se desplazó hasta San Sebastián en el mes de septiembre para vivir y disfrutar el prestigioso Zinemaldia, el festival de cine más importante de nuestro país. Allí, entre película y película, entrevistamos a Fran Gayo, que acudió al festival como jurado de la sección Horizontes Latinos. Gayo (Gijón, 1970) lleva vinculado al mundo del cine desde que en 1997 empezara a trabajar como responsable de programación del Festival Internacional de Cine de Gijón. En 2010 se trasladó a Buenos Aires, donde actualmente trabaja como programador del BAFICI (Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires). Nos cuenta que no es un habitual de los jurados, pero se muestra encantado con el grado de perfección y cercanía que le transmite el Festival de Cine de San Sebastián.

-Es su primera experiencia como jurado en este festival. ¿Qué impresión le está causando?
-Para mí el Festival de San Sebastián tiene un grado de perfección impresionante. Cuando hablamos de festivales de cine a veces nos olvidamos de que no consiste solo en seleccionar películas y que aparezcan en un catálogo, sino que hay que proyectarlas y que se vean bien, conseguir que los horarios se cumplan, que salgan adelante las ruedas de prensa… A eso hay que añadirle que en San Sebastián hay un ambiente ultra relajado: no tiene nada que ver con la histeria con la seguridad que hay en Cannes, ni es el nivel de catástrofe del Festival de Venecia en el que, al menos cuando yo iba, los horarios prácticamente no existían. Aquí no falla absolutamente nada. También me gusta mucho esa sensación de que realmente es un festival muy hecho para la ciudad. Y ojo, que eso no pasa en todos los festivales de clase A.

-¿Cómo se vive un festival desde el otro lado, cuando no le toca venir a seleccionar películas?
-Se te escapa todo. Tienes unos mínimos que cumplir al día y no puedes organizarte de una manera tan autogestionada como cuando tú vas a seleccionar películas para tu festival. Si un día tienes que ver tres películas de tu sección, va a ser complicado hacer un encaje de bolillos para poder ver otras dos que a ti te interesan. Por otra parte, un festival, más allá de ser un lugar al que uno va a ver películas, también es un lugar para encontrarse con la gente, y aquí se propician los encuentros.

-Ha venido como jurado de la sección Horizontes Latinos. ¿Se puede afirmar que el cine latinoamericano está en auge hoy en día, teniendo en cuenta el último León de Oro en Venecia a la venezolana ‘Desde allá’?
-El cine latinoamericano está viviendo un momento dulce en cuanto a ganar premios. En Cannes la Semana de la Crítica la ganó ‘Paulina’ de Santiago Mitre, en Venecia fue esta película venezolana… Parece que los directores latinoamericanos están encontrando una vía de llegar al público y a los jurados que, en cambio, están perdiendo los directores europeos. Yo no sé a qué responde, pero mi teoría es que existe un cine europeo demasiado hecho para festivales, que cumple con unas determinadas normas formales y temáticas y, en ese aspecto, el cine latinoamericano está mucho menos maleado.

-¿Qué tal es la experiencia de trabajar en el BAFICI?
-En el BAFICI empecé como coordinador de programación, que es un trabajo más vinculado con la producción del festival, de presupuestos, alquileres, etc. Ahora llevo tres años como programador y realmente, la experiencia es muy buena. Programar un festival grande en un país con una coyuntura muy particular como la de Argentina es, a determinados niveles, mucho más complicado que trabajar en Europa. Pero estoy muy contento, este trabajo es un privilegio; es aprender constantemente, escuchar y aprender mucho.

-¿Son cinéfilos los argentinos?
-Mucho. Y es un cinéfilo muy exigente y muy de interpelarte. Si te ve presentando una película y luego no le ha gustado, a la salida del cine, si te encuentra, te lo va a decir.

-Desde el 2012 también es el responsable de programación del cine del Centro Niemeyer, en cuya sala se suelen proyectar películas de carácter independiente. ¿Se lo planteó así desde un principio?
-Esta era una convicción mía con la que partí desde el momento en el que me lo propusieron. Otra cosa es que luego, cuando programas, no puedes perder nunca de vista la contextualización, dónde estás trabajando, porque si no el programador se vuelve como una especie de persona caprichosa que proyecta únicamente las cosas que a él le gustan. Para mí hubo un hecho importante a los pocos meses de empezar a trabajar con el Niemeyer que fue el cierre de los Cines Marta. De repente, Avilés se quedaba sin una programación de cine regular en el centro de la ciudad. Eso le daba más importancia a la sala del Niemeyer porque, obviamente, implicaba que había determinadas películas que o las programábamos nosotros o no iban a llegar a Avilés de ninguna manera.

-Para terminar, la pregunta que tal vez se hagan muchos. ¿Cómo llega uno a ser programador de cine?
-En mi caso fue pura casualidad, fue una apuesta medio suicida de Cienfuegos en su momento. Yo agarré la propuesta, me metí de cabeza y hasta hoy. Es un trabajo lo suficientemente hermoso como para comprometerte con él a muerte. Es obvio que te tiene que gustar mucho el cine y que no te tiene que resultar un drama ver al año 1.500 o 2.000 películas. A mí no me lo resulta para nada, me gusta muchísimo y disfruto tanto el ponerme de mal humor viendo una película que me parece espantosa como el descubrir algo nuevo.