El vertedero central de Asturias se amplía hasta 2020

El vertedero central de Asturias se amplía hasta 2020

Texto: Elena Plaza

El vaso natural del otrora valle de La Zoreda, ubicado entre los concejos de Corvera y Llanera, se ha llenado con la basura mezclada generada a lo largo de tres décadas por todos los asturianos. La entidad que gestiona el depósito por encomienda de los ayuntamientos de Asturias, Cogersa, lleva años anunciando este momento y apostando por el diseño de un modelo alternativo de gestión de residuos donde se combinen el reciclaje, el compostaje, la biometanización y otras tecnologías de valorización material y energética. Una vez enrasada la cavidad, apilar la basura en altura es la solución transitoria y de emergencia que permite seguir prestando el servicio hasta 2020.
A mediados de abril Cogersa licitó las obras del recrecido del vertedero central de Asturias, en La Zoreda, con un presupuesto de dos millones de euros y un plazo de ejecución de doce meses. Esta solución es “inaplazable, aunque transitoria”, explicó Belén Fernández, consejera de Medio Ambiente y presidenta del Consorcio para la Gestión de Residuos Sólidos de Asturias (Cogersa), y se hace con el fin de poder seguir prestando a ayuntamientos y empresas el servicio de tratamiento de los residuos domésticos y comerciales, los lodos de depuradora y los residuos industriales asimilables a urbanos.
La colocación de la basura en altura, en bancadas o terrazas rematadas con taludes de suave pendiente, es una manera de alargar la vida útil del depósito hasta 2020. Una vez clausurado, tendrá el aspecto de ladera artificial escalonada con césped que ahora luce el vertedero viejo, es decir, la zona del valle que empezó a usarse en 1985, una especie de muralla verde con la que te topas, si miras de frente, nada más que accedes a las instalaciones de Serín, tras cruzar el punto de control y báscula.
Los técnicos han calculado en el proyecto del recrecido del vertedero una cota máxima de 230 metros sobre el nivel del mar para el punto donde más altura adquiera el vertido, tras su correspondiente sellado con tierras y lonas. La diferencia con la cota de enrasado del valle, el punto donde descargan ahora los camiones, es de unos cincuenta metros. Alguien ya calculó que esta elevación equivale a la altura de algún edificio emblemático del centro de Oviedo, pero desde Cogersa aseguran que se hará con el mínimo impacto visual posible y que en ningún caso sobrepasará a pared natural que constituye la ladera más alta del valle, donde linda con la localidad corverana de Campañones.
Con esta solución se logrará espacio para unos 2,8 millones de metros cúbicos de desperdicios.Se amplía la duración del vertedero hasta 2020 porque el vertedero está recibiendo unas 530.000 toneladas al año de residuos no peligrosos -entre basuras urbanas, lodos de depuradoras de aguas y restos industriales no peligrosos- y se calcula que cada una de esas toneladas ocupa un metro cúbico, una vez está enterrada y prensada. La superficie total ocupada será de unas39 hectáreas.
Las obras también contemplan la ampliación de las instalaciones de apoyo a un vertedero, esas que permiten captar y depurar las aguas contaminadas (los lixiviados) y el gas rico en metano (biogás) con el que Cogersa genera energía eléctrica.
Pero la historia del vertedero central de Asturias es también la historia de la generosidad y el aguante de toda una serie de molestias e inconvenientes por parte de los habitantes de las localidades más próximas a la instalación.
Los vecinos de Ambás, Serín, Tamón, Villardeveyo y sobre todo ahora Campañones, empezaron siendo expropiados de sus fincas y ya llevan tres décadas soportando los ruidos y olores que se desprenden del depósito con camiones de los desechos de toda Asturias en un punto próximo a sus viviendas.
Cogersa ha perfeccionado un sistema de explotación que trata de minimizar estos efectos negativos sobre la calidad de vida de los pobladores del entorno, “pero nunca pueden evitarse por completo”, como explican desde el Consorcio. La basura se entierra casi nada más llegar, se capta y canaliza el biogás que contiene el maloliente metano, se usan halcones adiestrados para espantar a las gaviotas oportunistas que quieren usar el depósito como despensa, se regula el tráfico de camiones a baja velocidad… Pero no existe el impacto cero y estos vecinos los soportan para beneficio de todos los demás asturianos.
El Gobierno del Principado reconocióesta contribución a lo colectivocon la Medalla de Plata de Asturias en el año 2013. Cogersa por su parte, ha tratado de compensar en parte su impacto con acciones como las subvenciones que anualmente les concede para la construcción de infraestructuras de servicios comunes y para actividades culturales, así como dando prioridad a la contratación de personal entre los vecinos.
También desde la Consejería de Medio Ambiente se ha agradecido a lo largo de estas semanas en numerosas ocasiones el esfuerzo realizado por los vecinos y se ha apelado a una mayor implicación tanto de las instituciones como de la ciudadanía para avanzar en la minimización del vertido directo de los residuos. “La obra, que responde a una evidente necesidad social, se va a abordar con las máximas garantías ambientales, pero hay que reconocer que exige un esfuerzo de solidaridad por parte de los pueblos del entorno”, ha señalado la consejera Belén Fernández.
Entre las medidas que Cogersa está poniendo en marcha para reducir las molestias de la ampliación del vertedero y en concreto los malos olores, está la de reducir la fracción de lodos de depuradora que anualmente se entierra allí. Ya en 2010 se puso en marcha el compostaje experimental, que en 2015 llegó a 11.779 toneladas, a las que hay que sumar las 15.292 toneladas tratadas en la planta de biometanización para fabricar compost y generar electricidad. Este año el Consorcio contratará la construcción de una planta de compostaje industrial de lodos con una capacidad de 40.000 toneladas anuales. Se calcula que entrará en funcionamiento en 2017.
Y el principal reto para Cogersa y para los Ayuntamientos de aquí a 2020 es recoger separadamente la materia orgánica municipal (los restos de alimentos cocinados y no cocinados de los restaurantes, comedores colectivos, los mercados y las viviendas) y procesarla fuera del vertedero, en la planta de biometanización. Estos biorresiduos suponen el 38% de las casi 400.000 toneladas de residuos urbanos que se entierran en el vertedero cada año.