Gijón se olvida de sus estrellas

Gijón se olvida de sus estrellas

Texto y fotos: Miguel Ángel Martínez

A punto de cumplir 25 años de su inauguración, el planetario afronta un futuro pesimista, con unas instalaciones obsoletas y sin apoyo económico para su continuidad

Visto desde fuera, nada hace pensar que en su interior pueda albergar la que fue una de las instalaciones más modernas de hace ahora casi 25 años. En el castigado edificio de la Escuela Superior de Marina Civil de Gijón, en el campus de Viesques, bajo su maltrecha bóveda acristalada, se encuentra otra cúpula más pequeña, dentro de la cual vive desde hace un cuarto de siglo el Sky Master 2KP II. Este enigmático nombre es el del proyector, eje central del planetario de Gijón. Si, porque Gijón, aunque muchos no lo crean o recuerden, posee un planetario. O sería más correcto decir que tuvo, porque lo que queda ahora en el interior de la escuela no es más que un aparato “achacoso” como lo define quien ha sido su compañero y ‘cuidador’ durante todo este tiempo, el profesor Manuel Ángel Alonso, subdirector de Relaciones Exteriores y Calidad en Marina Civil, responsable ‘no oficial’ del planetario y toda una especie de ‘guardían de las estrellas’ en la institución académica.

Si el planetario tiene aún algún latido de vida es gracias a la labor desinteresada de este docente que se refiere al Sky Master 2KP II como ‘señor’, al que asegura tenerle cariño pero por el que, como ocurre en ocasiones a las familias con enfermos terminales, reconoce que ha “tirado la toalla” en cuanto a su futuro. Manuel Ángel ha sido el encargado de realizar personalmente las últimas reparaciones al proyector, de reponer las bombillas estropeadas, cambiar cables quemados, sustituir piezas y, en general, arreglar todo lo que su conocimiento, la tecnología y, sobre todo, el dinero han permitido. Porque el planetario vive, como el propio profesor explica, “en una especie de nebulosa” en la que nadie parece ser su responsable económico. La Universidad de Oviedo no puede hacer frente a unos cuidados que, como mínimo, supondrían unos 3.000 euros “solo para empezar”. El Ayuntamiento, por su parte, hace 12 años que finalizó el convenio que tenía con Marina Civil a través de la Fundación Municipal de Cultura, para mantener abiertas las puertas de estas instalaciones a todos los gijoneses. De esta forma, el mantenimiento solo corre a cargo de los cada vez más reducidos presupuestos de la propia Escuela. Un mantenimiento muy mínimo. La última vez que se costeó una intervención de técnicos especializados fue en el año 2010, gracias al patrocinio de Cajastur. Desde entonces el proyector y la consola de mandos que lo maneja siguen operativos, pero ni mucho menos al cien por ciento. Ya no funciona el movimiento anual, que representa el paso de las estaciones; el sistema de lentes y los proyectores de sol y luna fallan en ocasiones y las esfera del hemisferio sur ya ha dado también “un susto” tras fundírsele los cables hace poco.

Atrás han quedado los tiempos en los que el planetario era casi visita obligada para todos los escolares del concejo, e incluso para turistas de fuera de la región. “Había sesiones todas las tardes, tres o cuatro. Venían aquí todos los colegios”, recuerda con orgullo Manuel Ángel. Centenares de miradas al cielo contemplando las constelaciones y las galaxias proyectadas sobre la inmaculada cúpula blanca de Marina Civil. Ahora son apenas 25 alumnos por año, en la clase de astronomía de posición, los que lo hacen. Se desenvuelven holgados en los 40 asientos con los que cuenta la sala. Unos privilegiados que conocen la existencia de una instalación que fue referente en su época y de la que ahora muchos no han oído ni hablar.

La joya de la corona

A principios de 1988, el entonces alcalde de Gijón, Vicente Álvarez Areces, anunciaba la instalación inminente de un equipamiento singular para la ciudad, un planetario. Inicialmente estaba previsto para la Escuela Náutico Pesquera situada en la avenida de Eduardo Castro, cerca de El Musel, pero finalmente acabó, tres años después y dos más tarde de lo previsto, en la Escuela de Marina Civil, donde se inauguró el 2 de febrero de 1991. “El edificio costó aproximadamente unos 700 millones de las antiguas pesetas- apunta Manuel Ángel Alonso- de los que un 10 por ciento casi se los llevó la construcción del planetario”. Era la joya de la corona de unas instalaciones modernas y referentes para la época. Pero como en muchos trabajos, no exentos de fallos en la planificación. Ocurrió con el aire acondicionado que hubo que instalar tras la inauguración, al comprobar las mismas autoridades en sus propias carnes lo que suponía agrupar a 40 personas en una pequeña sala sin apenas ventilación durante unos cuantos minutos. Lo mismo pasó con las sillas. Hubo que invertir dos millones de pesetas extra en su sustitución ya que inicialmente se habían colocado unas de plástico absolutamente incómodas para contemplar, mirando al techo, las proyecciones.

El futuro del planetario resurgió en el debate político hace casi tres años cuando el entonces concejal de Cultura de Gijón, Carlos Rubiera, retomó la idea de reactivar su funcionamiento, a petición del grupo municipal del PP. Los contactos con la institución académica fueron mínimos y el coste económico truncó la iniciativa que duró lo que el paso de una estrella fugaz sobre el firmamento para dejar tras su paso, de nuevo, un agujero negro.

Los ‘gemelos’ de Santander y La Coruña gozan de buena salud y popularidad

Mientras el Sky Master 2KP II agoniza en Gijón, sus dos gemelos, dos proyectores similares instalados con muy poca diferencia de tiempo en Santander y La Coruña, siguen funcionando a pleno rendimiento y con buenos síntomas de salud. En la vecina Cantabria, el planetario de Santander recibe anualmente más de 13.000 visitas (13.200 en 2014, con 480 sesiones de 45 minutos de duración), al tiempo que organiza diversas actividades y varias sesiones de visitas gratuitas. La última tuvo lugar el pasado mes de septiembre, dentro del marco del convenio de colaboración existente entre el Ayuntamiento y la Universidad de Cantabria (UC) para organizar jornadas divulgativas y actividades en este espacio, situado en la Escuela Técnica Superior de Náutica. En las anteriores jornadas de puertas abiertas participaron, según datos del Consistorio, más de 500 personas.

En La Coruña, el Planetario de la Casa de las Ciencias cumplió este verano 30 años con un amplio y variado programa de actividades que incluyó también jornadas de puertas abiertas, ciclo de cine e incluso actuaciones de magia. Además, a lo largo del año también se organizan charlas, debates, conferencias o sesiones especiales con motivo, por ejemplo, del último eclipse lunar. También se llevan a cabo cursos de iniciación a la astronomía, de carácter práctico y dirigidos a mayores de 14 años, a quienes se enseña a reconocer los planetas, estrellas y constelaciones más destacadas e interpretar sus movimientos en el firmamento.

En ambos casos, las instalaciones no cuentan con el inconveniente de Gijón de estar dentro del centro universitario y no tener una entrada independiente, como si ocurre, por ejemplo, con Santander. En La Coruña, cuando se instaló el proyector, una de las primeras decisiones fue la asignación de más de un millón de pesetas de la época para la remodelación de la mesa de control que permitiese, por ejemplo, la paulatina sustitución de los potenciómetros de porcelana por otros elementos más modernos.