“Los actores estamos un poco locos por dedicarnos a algo tan inestable como esta profesión”

“Los actores estamos un poco locos por dedicarnos a algo tan inestable como esta profesión”

Texto: Beatriz Muñoz

Nacho Castro, actor, director y productor

Nacho Castro (México, 1976) es fundamentalmente actor, en concreto actor de teatro, aunque gracias a sus amplios estudios se ha enfrentado a muy diversas disciplinas a lo largo de su carrera. Formado profesionalmente en la Escuela de Interpretación Teatro de la Danza de Madrid, cursó también estudios de clown, canto y danza contemporánea. Mexicano de nacimiento pero criado en Gijón y “más asturianu que el quesu cabrales”, como él mismo nos dice en esta entrevista, un buen día este asturiano de adopción decidió hacer las maletas y probar suerte en México a la vista de la escasa actividad laboral con la que se encontraba en Madrid. De esto hace ya 10 meses y no se puede decir que se haya quedado parado. Antes, había participado exitosamente como actor durante dos años en la adaptación para teatro de la novela de José Luis Sampedro ‘La Sonrisa Etrusca’, de la que además fue promotor y coproductor, compartiendo escenario con toda una bestia de la interpretación como Héctor Alterio. Con una gran vena cómica y muchísima pasión por su profesión, Nacho Castro es de esas personas que consiguen transmitir de inmediato su entusiasmo por todo lo que hacen.
-Es gijonés de adopción, estudió en Madrid y ahora vive en México. ¿A qué se debe este cambio de vida?
-Aunque no nací en Gijón sino en México, me crié en Xixón del alma y me siento más asturianu que el quesu Cabrales. Me formé como actor en Madrid y ahí ejercí toda mi carrera, pero dada la actual situación de crisis en España -imagínate en el ámbito artístico-, me decidí a cruzar el charco para ver cómo estaban las cosas por aquí, ya que además tengo familia y se ofrecieron a acogerme. Y llevo ya 10 meses.
-Me imagino que echará mucho de menos España, y en concreto Asturias.
-Aquí me has tocado la fibra. Echo mucho de menos España y por supuesto Gijón, mi madre, hermanos, amigos… Hoy, casualmente, mis amigos de toda la vida están en un llagar celebrando una reunión de antiguos alumnos del instituto. ¡Eso sí, me están enviando fotos por WhatsApp y cubriendo el evento!
-¿En qué está trabajando ahora?
-En este momento acabo de terminar en Microteatro México con un texto mío llamado ‘Hipoteca’ y que ya hice en Madrid. La dirección y la versión más “tropicalizada” la ha hecho Rodrigo Murray, un actor muy conocido en México y con una trayectoria muy importante. Ahora estamos viendo si hay gira o no. Acabamos de ir a Guanajuato a trabajar y esperamos que salgan más bolos. La verdad es que no me importaría conocer y recorrer México currando, ‘chambeando’ como se dice aquí.
-¿Cuándo decidió que quería dedicarse a la interpretación?
-Lo supe desde chiquitín. Mi madre fue profesora de baile y también hizo sus pinitos como actriz. De muy pequeñín, cuando me preguntaban “¿qué quieres ser de mayor?” yo decía “cantante de Parchís”. Y por cierto, ¡Yolanda Ventura, “la ficha amarilla”, vino a vernos a Microteatro! Vive en México y es amiga de mi compañera Irene. De pequeño estaba enamorado de ella (risas).

-Los comienzos como actor deben de ser duros hasta que logras abrirte paso y consigues vivir de este arte. Como usted mismo dijo en el evento TEDxGijón del año pasado, “ser actor, hoy en día, es una profesión de riesgo”.
-Siempre es duro, es una profesión donde siempre estás empezando. Termina un proyecto y tienes que buscar otro. A no ser que seas un actor muy mediático, nadie te garantiza continuidad. Siempre estás en la cuerda floja… Estamos un poco locos por dedicarnos a algo tan inestable, pero a la vez, ¡es tan gratificante!
-Sus inicios profesionales fueron en TV Movies y series. Ha participado en algunas tan conocidas como ‘El Comisario’, ‘Yo soy Bea’ o ‘Al salir de clase’. ¿Qué prefiere, el teatro o la televisión?
-El teatro es maravilloso, es una comunión increíble entre el actor y el público. Mira, a mí me encantan los deportes de riesgo y te puedo decir que en el teatro la adrenalina es brutal. Terminas las funciones y sales excitado. Es magia. En cuanto a la tele, es otra cosa, hay muchos más aspectos técnicos. En los últimos años, por cierto, se están haciendo muy buenas producciones en España que están triunfando en México. Aquí les encanta ‘El tiempo entre costuras’, ‘Velvet’, ‘Gran Hotel’… De hecho, se está grabando la versión mexicana de ésta última. Se va a llamar ‘El Hotel de los Secretos’.
-¿Y su relación con el mundo del cine?
-Ese palo todavía no lo he probado, crucemos dedos…
-También ha ejercido como director. ¿En cuál de las dos disciplinas se desenvuelve mejor, en la de la actuación o la de dirección?
-La actuación… ¡Me vi obligado a dirigir espectáculos teatrales para trabajar como actor! Aunque la experiencia fue muy satisfactoria, pero también tienes mucha más presión y responsabilidad. Ahora estoy desarrollando mi faceta como dramaturgo.
-¿Se ve trabajando como guionista en un futuro?
-Sí, por qué no… Así puedo escribir las historias que quiero contar. En este momento estoy en negociaciones con productoras por dos textos que acabo de terminar estando aquí, en México. Uno es la adaptación de una novela francesa y el otro es un texto original. Ambos son muy emotivos, historias sencillas y pequeñas donde nos podemos sentir reflejados. Me gusta mucho combinar drama y comedia en una misma obra.
-En las obras que ha escrito, ‘La Hipoteca’ y ‘¿Útiles o Construidos?’, ha tratado el tema de los préstamos hipotecarios, el boom de la burbuja inmobiliaria, la crisis del ladrillo… ¿Considera que en el arte de la creación es importante hablar de la realidad para analizarla y hacernos reflexionar sobre lo que nos sucede como sociedad?
-¡Indudablemente! Siempre he dicho que no hay mejor herramienta para la denuncia o la reflexión que la comedia. Escribí ‘¿Útiles o Construidos?’ por una necesidad de denuncia. El boom inmobiliario era una locura, la gente cuando veía la función se partía de risa al ver situaciones muy reales llevadas al extremo. La comedia te permite hacer eso de manera inteligente. No sé exactamente cuál es la función del arte porque también está la parte del entretenimiento. A mí por ejemplo me apasionan los musicales. Pero es cierto que generalmente las historias que me interesan no suelen ser historias vacías donde lo importante es la taquilla. Prefiero un teatro o un cine vivo y comprometido.
-Para convertirse en buen actor, ¿cuánto hay de estudio y preparación y cuánto de ‘don’ natural?
-Buena pregunta. Yo creo que hay grandes actores que se hicieron así de grandes a base de trabajar y estudiar, creo que es lo más habitual, pero hay otros que tienen un don natural, un talento innato… ¡A estos los envidio profundamente!
-¿Ser actor implica también estar renovándose continuamente, reciclándote con diversos cursos y formaciones, o no lo ve necesario y considera que son suficientes la práctica, la observación y muchas horas de ensayo?
-Creo que contaba la actriz Alicia Borrachero en una entrevista que cuando fue al Actors Studio a tomar clases se quedó muy sorprendida al ver como alumno a… ¡Mr. Paul Newman! Creo que esto contesta la pregunta, ¿no? Un actor siempre debe experimentar y ponerse a prueba, salir de su zona de confort como artista. Claro que también se aprende desde la observación. Yo por ejemplo tuve la fortuna de ver cómo trabajaban los grandes Héctor Alterio y Julieta Serrano en la obra de ‘La sonrisa etrusca’.
-Hablando de ‘La sonrisa etrusca’, ¿cómo recuerda aquella experiencia en la que se atrevió con la promoción, coproducción e interpretación de una obra tan fundamental de la literatura española?
Como una auténtica maravilla. Después de mucho tiempo, conseguí levantar un proyecto que fue mi bebé. Mi parte en la coproducción fue pequeña, pues tuve que ceder el testigo a Pentación Espectáculos, pero fue una experiencia increíble el tener un trato cercano con José Luis Sampedro, trabajar con Héctor, con Julieta y con el resto de mis compañeros, a cual más talentoso, hacer dos temporadas en Madrid, una en Barcelona… ¡Todo! Fuimos durante un tiempo una gran familia. La última función en Valencia fue un auténtico drama. Los técnicos, que para eso son muy pasotas, lloraban tanto como los actores…
-¿Tiene futuro el teatro en un mundo que parece tender cada vez más a lo audiovisual?
-Yo creo que sí. El teatro lleva mucho tiempo en crisis, cuando yo era pequeño competía con la televisión y con el VHS, hoy con Internet y Netflix. Pero si lo pienso, nunca han sido competencia, son públicos distintos. Al que le gusta el teatro, va y punto. Sí que creo que es necesario que los ayuntamientos, las instituciones, los programadores… hagan bien su trabajo y divulguen un teatro de calidad, que lo promocionen como parte de la cultura y del entretenimiento, que también lo es. Y desde luego, que se baje el IVA cultural. No tiene sentido la subida del IVA tan desmedida y que ha hecho mucho daño al sector.
-Si no pudiera ser actor, ¿a qué se dedicaría?
-A algo relacionado con el arte.
-¿Regresará a España pronto?
-¡Claro! En verano me tienes tomando sidres en la Cuesta del Cholo, o en Cimavilla, o en un chigre…