Ramiro ultima una exposición sobre la historia de la barbería en Oviedo y Gijón

Ramiro ultima una exposición sobre la historia de la barbería en Oviedo y Gijón

Texto: Noelia Martínez Varela

Nació en Nembra, una aldea del concejo de Aller. Hijo de minero y el menor de siete hermanos, desde muy niño supo que para alcanzar cualquier meta se requiere esfuerzo, trabajo y dedicación. En su caso se podría decir que sabe bien lo que vale un peine. Ramiro Fernández Alonso, el psicoesteta, también conocido como el peluquero de la Selección Española de Fútbol, se inició en el oficio hace cincuenta y cinco años. Coincidiendo con la efeméride ultima una exposición sobre la historia de la barbería que incluirá, entre otras muchas cosas, herramientas del oficio que datan del siglo XVIII al actual -verdaderas joyas históricas-, el kit con el que atendió a Severo Ochoa, premio Nobel de Medicina, o uno de los primeros secadores de pelo que se emplearon en España. La muestra podrá verse del 1 al 27 de junio en la Plaza de Trascorrales de Oviedo y del 1 al 31 de agosto en la sala de exposiciones de la Caja Rural de Gijón.
Nunca imaginó que se dedicaría a la peluquería, un oficio que lleva tratando de dignificar y prestigiar desde que cogió las tijeras por primera vez. Apenas tenía quince años cuando José, su hermano mayor, convenció a la familia para que Ramiro dejase el seminario de Balmaseda (Vizcaya) y le echara una mano en la barbería que regentaba en el puerto de El Musel, en Gijón.
“El apostolado se puede llevar de muchas maneras y yo lo apliqué a mi profesión. El cambio para mí en aquel momento fue tremendamente duro, de estar en un colegio de rígida formación a ir al Musel, en aquella época lugar donde había estraperlo y contrabando, provocaba que yo me fuese a dormir en pecado mortal todos los días” recuerda Ramiro entre anécdotas.
Cuando le llamaron a filas para cumplir con el servicio militar obligatorio en el Ferral del Bernesga ya metió en la maleta unas tijeras. El barberín del Musel tuvo claro cuál sería su profesión en el momento en que su padre le dio a escoger entre seguir ejerciendo de peluquero o bajar a la mina. Entonces compaginaba las obligaciones del cuartel con tardes enteras de cortes de pelo en la peluquería de Isidro en la calle Rosal de Oviedo. Aquella incansable faena le permitió ahorrar las primeras monedas y empezar a poner el ojo en Oviedo.
Fue en 1966 cuando Ramiro se estableció en la capital, una ciudad de la que no se cansa de repetir que le recibió con los brazos abiertos y que le acogió desde el primer día como un vecino más. El idilio fue tal que Ramiro encontró su sitio en el mundo. En estos cincuenta años ha viajado a infinidad de países y allá donde ha ido siempre ha presumido de ser allerano, ovetense y asturiano.
“Empecé a enamorarme de la profesión, y me di cuenta de que la peluquería no era solo cortar el pelo y afeitar, era mucho más. Empecé a informarme por revistas del sector y como en Barcelona nos llevaban mucho adelanto fui allí a ver peluquerías y peluqueros. Nunca olvidaré que los cuatro años con los claretianos en Vizcaya fueron vitales para mi formación, me aportaron estudio, aprendizaje, fortaleza, responsabilidad… y he tenido la suerte de tener unos padres que siendo humildes, nos han inculcado que fuésemos honrados, trabajadores y leales. Esto me ayudó a no ser un peluquero de cortar el pelo, afeitar y punto, de hablar de futbol, toros y política y a vivir que son dos días. No era ese mi objetivo” asegura el psicoesteta.
Como cualquiera que se embarca en una aventura empresarial vivió unos primeros años complicados. La constancia, el trabajo y el sacrificio fueron premisas que Ramiro siempre ha abanderado. Así fue conquistando clientela, esa que le sigue siendo fiel consciente de que el salón de peluquería de la calle Arquitecto Reguera es especial. Ramiro se deshace en elogios para ellos y reconoce que le faltan palabras para agradecerles el apoyo y la confianza durante todos estos años.
“En una conferencia que ofrecía a 3.000 profesionales del sector el día que me dieron la Medalla de Oro de la Federación Española de Peluqueros en Bilbao dije que el peluquero del pleno S. XXI, aparte de dominar todas las técnicas correspondientes a la peluquería, tiene que tener unos conocimientos mínimos de dermatología, economía, química, psicología, dibujo artístico, Psicoestética, nutricosmética, idiomas (como mínimo inglés), y dominar el tema informático e internet. Yo no lo veré, pero la peluquería o asesoría de imagen personal entrará en la Universidad, no sé cuando, pero entrará, juega un papel importantísimo” augura Ramiro.
Pocos empresarios pueden decir que por su negocio han pasado 138 colaboradores y que hoy 128 están triunfando en sus respectivos establecimientos, y los otros diez conforman su equipo de trabajo. Ramiro, sí. Ramiro presume de sus raíces, de su clientela y de su equipo, siempre a la vanguardia, innovando y al día de cuantas novedades surjan en el sector tanto en cortes de cabello, peinados, productos, prótesis capilares, manicura, pedicura… Son asesores de imagen, diez profesionales volcados en un oficio que les apasiona y que salta a la vista cuando uno tiene la oportunidad de caer en sus manos.
“A los 72 años sigo con la ilusión del primer día. Soy feliz con lo mío e inconformista, quiero vivir el hoy, eso de vivir de rentas del pasado se acabó. El cliente viene aquí a que el trabajo se le haga de 10 y es la norma que tengo de superación, que transmito a mi equipo y que éste sigue con una lealtad extraordinaria” explica el peluquero.
Algo más que un peluquero

Valorado y reconocido por sus compañeros de profesión a nivel regional, nacional e internacional, basta entrar en su despacho para darse cuenta de que Ramiro es alguien especial. Junto al Peine de Oro, la mayor distinción mundial que puede recibir un peluquero, lucen numerosas medallas, metopas y trofeos. De todos habla con cariño y agradecimiento. Socio fundador número uno de la Asociación de Empresarios de Peluquería de Asturias, director de la escuela artística donde ha impartido innumerables cursos de formación y hoy presidente de honor, Ramiro ha dirigido campeonatos de España de peluquería y ha ejercido de jurado en varios campeonatos del mundo. Pero si hay algo por lo que Ramiro es conocido a nivel internacional es por su vinculación con la Selección Española de Fútbol. Lleva 25 años acompañando y atendiendo a jugadores, directivos y cuerpo técnico. Desde la época de Vicente Miera y Javier Clemente como seleccionadores hasta hoy. Al propio Vicente del Bosque se le ha escuchado decir que él selecciona a los futbolistas y los futbolistas seleccionan a Ramiro. Discreto y elegante, jamás ha desvelado ni una sola confidencia, ni una anécdota de más de esos momentos de intimidad y recogimiento que son las concentraciones de los futbolistas. El sillón del peluquero siempre invita a abrir el corazón pero la discreción de Ramiro es una de sus señas de identidad. Siempre ha hablado con las manos y sus tijeras, esas que pueden presumir de haber atendido a unos campeones del mundo o a los vigentes campeones de Europa, esos jóvenes ídolos de masas que le tienen entre sus amigos y así se lo demuestran cada vez que se encuentran cara a cara o se intercambian algún mensaje de teléfono.
Cuando el tiempo se lo permite, Ramiro sigue cultivando sus aficiones. Amante del arte, los deportes y la cultura en general, no resulta extraño encontrarle en alguna galería delante de un cuadro, el domingo en algún campo de fútbol de alguno de la casi docena de clubes asturianos de los que año a año renueva el abono o leer su firma en el periódico o en una revista. A Ramiro le gusta compartir. De pluma fácil y ligera, cuando sus obligaciones le dejan tiempo se anima a escribir. De hecho es autor de varios libros, el último editado hace un par de años bajo el título ‘Cómo triunfar en la era de la imagen. Claves psicoestéticas para el siglo XXI’ cuyos beneficios se están donando a la Cocina Económica de Oviedo y a Mensajeros de la paz.
“Soy un apasionado de la lectura, de pasear al lado del mar y de la montaña, de la Ópera y la Zarzuela. Suelo subir bastante a Collanzo, Felechosa y San Isidro, voy a Pajares y a León. Y casi todos los domingos que no llueve, voy a Gijón a dar un paseo por el Muro. También soy feliz escribiendo” confiesa el psicoesteta.
Innovador e inquieto, Ramiro y su equipo ultiman una exposición para mostrar la completa colección de artículos de barbería que han ido recopilando con el paso del tiempo. No cabe duda de que 2016 será un año especial para Ramiro, un hombre de gran corazón que guarda una historia en la que se ha dejado el alma. Nos recuerda emocionado que sin la confianza, fidelidad y amistad de tantos y tan buenos clientes, amigos y colaboradores, esos cincuenta años no hubieran sido posibles y tampoco podrían plantear los nuevos horizontes profesionales que desean afrontar para seguir ofreciendo la mejor atención y el mejor servicio que les caracteriza conectados con la sociedad actual y las nuevas tendencias estéticas.