Tradición y calidad, el secreto de los vinos de la bodega Monasterio de Corias

Tradición y calidad, el secreto de los vinos de la bodega Monasterio de Corias

Asturias concentra en el extremo Sur occidental, concretamente en Cangas del Narcea, el mayor patrimonio vitivinícola de la región. Los viticultores han sabido mantener durante siglos las variedades que mejor se adaptaban a la zona, el Albarín negro, Verdejo negro, Carrasquín y Albarín blanco son, sin duda, las más emblemáticas.
Desde la bodega Monasterio de Corias se mantiene esta vieja tradición, controlando las labores de cultivo, las épocas de vendimia óptima…, desde el máximo respeto al medio, de estos viejos viñedos, de pequeñas parcelas, hasta la recuperación de los terrenos del Monasterio mediante la realización de nuevas plantaciones. Labores realizadas con pasión durante los últimos años y que han permitido la recuperación y reestructuración de viñedos en Cangas e Ibias. Desde la bodega del Monasterio de Corias, el cuidado de la calidad de la uva que entra en bodega se considera esencial. Estas labores de asesoramiento, seguimiento y selección permiten disponer de los más altos índices de calidad en la uva utilizada.
El clima, el suelo, las variedades únicas y el trabajo de los viticultores, dan forma a los brazos de la centenaria cepa que sustenta los ancestrales vinos de Cangas. Dentro de la finca que encierra el Monasterio, con sus viñedos recuperados, la bodega, después de un abandono de muchos años, vuelve integrada en el entorno que la rodea, contando con unas perfectas condiciones ambientales que se complementan con un moderno equipamiento que permite una cuidada, personalizada y mimada elaboración de los vinos que de ella salen.
Un poco de historia
Durante los siglos XVIII y XIX el vino de Cangas vivió su máxima expansión. El IV Conde Toreno llegó a contabilizar en la zona casi 1.600 hectáreas de viñedo. Nunca hubo grandes extensiones debido a la orografía, se trataba de pequeñas parcelas que se continuaban a lo largo de la ribera del río Narcea. A finales del S. XIX llegó la filoxera. Antes de la filoxera, los viticultores reproducían las plantas mediante la ‘pica’, el injerto, de unos a otros para sustituir las cepas que se morían, la lucha contra la filoxera mediante el injerto de las variedades en patrones americanos, resistentes a la misma, trajo como consecuencia la selección de las mejores variedades, posiblemente más abundantes antes de la entrada de la plaga.
Con la llegada a la zona de la minería de carbón a mediados del S. XX se fue abandonando el viñedo para trabajar en la mina. La falta de mano de obra provocó el abandono de grandes extensiones de viñedo, perviviendo pequeñas parcelas familiares para autoconsumo. El vino que se elaboraba en Cangas hasta el año 2000 en el que comenzó la profesionalización del sector, era un vino de casa que arrastraba mala fama, se recuerda como un vino ácido, oscuro, que manchaba mucho… que poco tiene que ver con los vinos actuales.
Por tradición, en Cangas del Narcea siempre se recogía la uva en torno al puente del Pilar, cuando familiares y amigos ayudaban y se convertía la vendimia en una fiesta. Desde la filoxera y durante los siguientes 100 años, la gente fue plantando en sustitución de la planta que se moría la que le parecía mejor, le traía un amigo…. lo que provocaba una cierta mezcla varietal en estos viejos viñedos y no todas presentaban el mismo ciclo de maduración. Entre el verdejo negro y el carrasquín puede haber hasta 25 días de diferencia en maduración y por tanto en recogida. En aquellos tiempos al recogerse al mismo tiempo no toda la uva presentaba el grado óptimo de maduración y se encubaba a granel y sin diferenciar variedades.
En muchas casas se compraba uva a granel, sobretodo a Zamora, León o Galicia, para mezclar con la uva de Cangas y aumentar la producción, venderlo como de Cangas, darle más carga alcohólica o color. La uva de Cangas suele tener un tanino más débil que el vino de otras zonas debido a las condiciones en las que se desarrolla, es vino de montaña, lo que hace que gane en aroma, pero pierde color. En las casas, al no recoger cada variedad de uva en su momento óptimo de azúcar y acidez, el vino quedaba clarete, y se le daba color con la uva de fuera. En Cangas llegaron a entrar hasta un millón de kilos de uvas de fuera para elaborar vino. A finales de la década de los 90 la vitivinicultura comenzó a profesionalizarse, para elaborar vino exclusivamente con uva autóctona de los viñedos de la zona y con la garantía de origen que daba la figura de protección de Vino de la Tierra de Cangas.
Bodega Monasterio de Corias
La bodega Monasterio de Corias fue fundada en el año 2000, recuperando la propia bodega del Monasterio, actual Parador, de ahí su nombre. Lo que queda de esa bodega, situada en el interior del edificio principal son fotos, ya que ahora se cuenta con nuevas instalaciones, recuperando parte de los antiguos establos del Monasterio en el año 2007.
La primera añada fue la de 2001 y en febrero de 2002 el Principado de Asturias dio la concesión de Vino de la Tierra a la zona, en 2008 pasó a ser Vino de Calidad y desde mayo de 2014 es Denominación de Origen Protegida. El avance en los últimos 15 años ha sido enorme. El territorio de la Denominación es la parte occidental asturiana, aunque se denomine de Cangas, la uva puede proceder de Degaña, Ibias, Pesoz, Illano, Grandas de Salime, Allande y una parte del concejo de Tineo. La bodega Monasterio de Corias utiliza en sus elaboraciones uva de Ibias y Cangas, sus vinos cuentan con la Denominación de Origen Protegida de Vino de Cangas.
Actualmente hay 40 hectáreas inscritas en el Consejo Regulador que pertenecen a unos setenta viticultores y cinco bodegas elaboradoras. Monasterio de Corias es la bodega que más vino elabora, entre 50.000 y 55.000 botellas al año. Se trata de una zona de viticultura heroica, de montaña, y las fuertes pendientes, el cultivo en terrazas, hace imposible la mecanización, siendo el trabajo mayoritariamente manual: poda en invierno, poda en verde, tratamientos fitosanitarios conmochila, vendimia racimo a racimo y planta por planta… esto encarece el producto final, pero la calidad de la materia prima es excelente.
La vendimia suele comenzar a mediados/finales de septiembre y dura alrededor de un mes, ya que se respetan los ciclos de maduración, recogiendo las diferentes variedades de forma diferenciada. Un kilo de uva equivale a menos de una botella de tres cuartos de vino.
Cuando la uva llega a la bodega por la vendimia, siempre tiene que estar presente un veedor/a del Consejo Regulador que certifica que esa uva realmente proviene de un viñedo inscrito en la actual denominación, de qué viñedo viene (para hacer una trazabilidad de esa uva) y qué variedad es. En la puerta de la bodega se pesan las cajas de uva, ya que el Consejo Regulador debe saber cuántos kilos por variedad entran cada año para saber hasta qué máximo de botellas puede elaborar la bodega con dicha uva y añada. Las uvas entran a bodega y fermentan por variedades, y una vez que el vino está hecho se realizan los diferentes ensamblajes de variedades que darán lugar a los diferentes vinos que año tras año salen de la bodega.